El post de hoy es sumamente especial para mí. Este pasado miércoles, 11 de enero de 2017, mi esposo Luis y yo celebramos nuestro 3er aniversario de casados. ¡El tiempo ha pasado volando! Todavía recuerdo ese día como si fuera ayer y la emoción tan grande que sentí al decir “Sí, acepto” al amor de mi vida y con quien quiero pasar el resto de mis días en este Planeta. Aquí les cuento nuestra historia…

Luis y yo nos conocimos hace 8 años en Plaza Las Américas. Trabajé varios años en una carreta y él es gerente/supervisor en una tienda justo al frente. Cuando lo conocí, ambos estábamos con otras personas y nuestra relación era puramente amistosa. Admito que secretamente él siempre me gustó, me derretía por sus ojitos verdes, su sonrisa y su llevadera personalidad. Esto ocasionó que en varios momentos de camino a casa luego de salir de trabajar cuestionara muchas cosas, y hasta lloraba de la frustración porque (en ese momento) me decía “¿por qué este muchacho me mueve las chacras tanto?” Luis me hacía sentir tantas cosas que simplemente eran demasiado intensas para procesarlas en ese momento de mi vida, además de que no quise darle mucho color ya que estaba con otra persona a quien quise mucho.

Fast forward a un año después, Luis casualmente se acerca a la carreta y me cuenta que se había dejado de su novia. Recuerdo pensar “¿Por qué me está contando esto a mí?“. A pesar de que éramos amigos, nunca hablábamos de cosas personales, ni mucho menos de nuestras parejas (yo seguía con quien fue mi novio). Durante esos meses nuestra amistad se volvió más fuerte, pasábamos mucho tiempo hablando en horas de trabajo y nos contábamos todo. Esto hizo que la situación se volviera un tanto complicada porque era muy evidente que de ambas partes habían muchos sentimientos, pero entre los dos siempre existió mucho respeto y en ningún momento sucedió algo que pudo dar luz verde a una relación entre nosotros.

Un tiempo después, llegué a sentirme muy frustrada con mi vida en general, y eso de tener que engañarme que no sentía algo por él era lo peor de todo. Odiaba lo que estaba estudiando, estaba aborrecida con mi trabajo y estaba considerando dejar a mi novio porque sabía que estábamos en lugares muy distintos en nuestras vidas y simplemente estaba perdiendo mi tiempo con él. Unas semanas después, dejé a mi ex y mi mayor apoyo en todo fue Luis, quien me dijo que siempre siguiera mi corazón… y así lo hice.

Unos meses después, ya una vez estábamos ambos solteros, nos encontrábamos hablando por teléfono y decidí tomar la iniciativa de ver si de parte de Luis habían sentimientos por mí. Recuerdo muy nerviosamente preguntarle “Oye Luis, ¿qué tú sientes por mí?” De su lado solo hubo un silencio que me hizo sentir que había metido la pata. Pero para mi sorpresa, él me contestó “Muchas cosas lindas. Tú me gustas un montón.” Ya saben que el corazón casi se me sale del pecho. Él me devuelve la pregunta y fue ahí donde al fin pude decirle que era recíproco… Lo demás es historia. El 25 de octubre de 2010 oficialmente nos hicimos novios y dos años después, en junio del 2012 frente a familiares y seres queridos, Luis me pidió que me casara con él. Después de llorar de la emoción, procesar lo que estaba pasando y preguntarle sobre mil veces si esto era en serio, le dije “¡CLARO QUE SÍ!“.

El sábado 11 de enero de 2014 a las 4:00 p.m., Luis y yo unimos nuestras vidas en matrimonio en la Iglesia donde crecí frente a nuestros familiares y amigos. Un día que jamás olvidaré y que al Sol de hoy recuerdo de principio a fin. No hay palabras para expresar la felicidad que me da recordar toda nuestra historia y lo agradecida que estoy de que Luis es el hombre que Dios escogió para mí. Está de más decir que ¡vivo loca enamorada de él! El estar casados ha sido una bendición, y aunque tenemos nuestros problemas y disputas como cualquier otra pareja, al final del día no hay nada que pueda vencer nuestro amor. Hemos logrado juntos construir una vida plena y espectacular logrando nuestros sueños y metas día tras día. No hay mejor sentimiento que despertar y ver a mi macharrán ahí, tener a quién llegar a casa todos los días y sentirme siempre amada y aceptada. Él es mi esposo, mi eterno novio y mi mejor amigo, y espero tener la dicha y la salud para estar a su lado hasta que la muerte nos separe, así como prometí el día de nuestra boda.

Amiga que me lees, si próximamente te vas a casar, recuerda que la boda va más allá de la sortija, la fiesta, tu traje de princesa, el fotógrafo o el venue de la recepción, es recordar que después de ese día te toca construir junto a esa persona una unión permanente, donde tu vida ya no se basa solo en ti, si no en tu esposo también. En vivir juntos sus sueños, metas y logros, y así mismo, sus miedos, momentos no tan buenos, sus derrotas y lágrimas. Es superar todas las adversidades que puedan atravesarse colocando su amor antes que todo. ¿Mi mejor consejo? ¡Gózate todo el proceso y trata de recordar cada detalle! Pues ese día va a pasar súper rápido y vas a querer revivirlo para siempre. Y si aún andas en busca de tu otra mitad, tranquila, porque tal vez ya esté en tu vida… simplemente debes abrir los ojos y creer en el amor.

Un beso a todas,

emy

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